Oraciones de Navidad

oraciones navideñas

NIÑO JESÚS

Seca, Niño Jesús, ¡las lágrimas de los niños! ¡Acaricia a los enfermos y a los ancianos! ¡Empuje a los hombres a dejar sus brazos y abrazarse en un abrazo universal de paz! Invite a los pueblos, Jesús misericordioso, a derribar los muros creados por la miseria y el desempleo, la ignorancia y la indiferencia, la discriminación y la intolerancia. Eres Tú, Divino Hijo de Belén, quien nos salva al liberarnos del pecado. Eres el verdadero y único Salvador, a quien la humanidad a menudo busca.

Dios de la paz, regalo de paz para toda la humanidad, ven y vive en el corazón de cada hombre y cada familia.

¡Sé nuestra paz y alegría! Amén. (Juan Pablo II)

TE QUIERO ADORAR, JESÚS, MI SALVADOR

Jesús, dulce niño, eres rico en amor y santidad. Ya ves mis necesidades. Eres la llama de la caridad: purifica mi corazón de todo lo que no se ajuste a tu santísimo corazón. Eres santidad no creada: lléname de gracias fertilizantes de verdadero progreso en el espíritu. Ven Jesús, tengo muchas cosas que decirte, muchos dolores que confiar en ti, muchos deseos, muchas promesas, muchas esperanzas. Quiero adorarte, quiero besarte en la frente, o pequeño Jesús, mi Salvador. Quiero entregarme a ti para siempre. Ven, Jesús, no te demores. Acepta mi invitación. ¡Ven!

NAVIDAD, DÍA DE LA GLORIA

Navidad, día de gloria y paz.

En la noche de oscuridad, esperamos que la luz ilumine la tierra. En la noche de oscuridad, esperamos que el amor caliente al mundo. En la noche de oscuridad, esperamos que un Padre nos salve del mal.

SE BENDITA, PADRE

En tu amor infinito nos diste el Hijo unigénito hecho carne por la obra del Espíritu en el vientre más puro de la Virgen María y nacido en Belén hace dos mil años. Se ha convertido en nuestro compañero de viaje y le ha dado un nuevo significado a la historia, que es un viaje hecho juntos en el trabajo y el sufrimiento, en la fidelidad y el amor, hacia esos nuevos cielos y esa nueva tierra '"en la que usted, después de la muerte, serás todo en todo. (Juan Pablo II)

ORACIÓN DE NAVIDAD

Ven Jesús, tu venida a Belén trajo alegría al mundo y a cada corazón humano. Ven y danos la misma alegría, la misma paz; el que quieres darnos.

Ven a darnos la buena noticia de que Dios nos ama, que Dios es amor. De la misma manera que quieres que nos amemos, que demos nuestras vidas por los demás, como tú has dado la tuya. Al mirar al pesebre, déjanos conquistarnos con tu tierno amor y vivirlo entre nosotros. (Sra. Teresa de Calcuta)

NAVIDAD

¡Nació! ¡Aleluya! ¡Aleluya! el niño soberano nació. La noche que ya era tan oscura brilla con una estrella divina. ¡Vamos gaitas, sonatas más alegres, anillo, campanas! ¡Vengan, pastores y amas de casa o personas cercanas y lejanas!

Durante cuatro mil años esperó esta hora durante todas las horas. ¡ha nacido! es. el Señor ha nacido! Nació en nuestro país! La noche que ya estaba tan oscura brilla con una estrella divina, nació el Niño Soberano. ¡ha nacido! ¡Aleluya! ¡Aleluya!. (Guido Gozzano)

EL NIÑO CELESTIAL

¡Oh sabiduría o poder de Dios, sentimos que debemos exclamar extasiados con tu apóstol, cuán incomprensibles son tus juicios e investigar tus caminos! Poca libertad, humildad, abyección, desprecio rodean la Palabra hecha carne; pero nosotros, desde la oscuridad en la que esta Palabra se hizo cariño, entendemos algo, escuchamos una voz, vemos una verdad sublime: hiciste todo esto por amor, y solo nos invitas a amar, no a danos esa prueba de amor. El Niño celestial sufre y deambula en la cuna para hacer que el sufrimiento sea agradable, meritorio y buscado: le falta todo, porque aprendemos de él la renuncia a los bienes y comodidades terrenales; Él está complacido con los adoradores humildes y pobres para que nos atraigan a amar la pobreza y preferir la compañía de los pequeños y la simple a la de los grandes del mundo. Este Niño celestial, todo mansedumbre y dulzura, quiere inculcar en nuestros corazones con su ejemplo estas virtudes sublimes, para que surja una era de paz y amor en el mundo desgarrado y molesto. Desde su nacimiento, señala nuestra misión, que es despreciar lo que el mundo ama y busca. ¡Oh! Prostria-moci ante la cuna y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado de amor por el Niño Jesús, ofrezcamos todo nuestro corazón sin reservas, y le prometemos que seguirá las enseñanzas que nos llegan de la cueva de Belén, que nos predican. ser todo aquí abajo vanidad de vanidades nada más que vanidad. (Padre Pio) Este Niño celestial, todo mansedumbre y dulzura, quiere inculcar en nuestros corazones con su ejemplo estas virtudes sublimes, para que surja una era de paz y amor en el mundo desgarrado y molesto. Desde su nacimiento, señala nuestra misión, que es despreciar lo que el mundo ama y busca. ¡Oh! Prostria-moci ante la cuna y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado de amor por el Niño Jesús, ofrezcamos todo nuestro corazón sin reservas, y le prometemos que seguirá las enseñanzas que nos llegan de la cueva de Belén, que nos predican. ser todo aquí abajo vanidad de vanidades nada más que vanidad. (Padre Pio) Este Niño celestial, todo mansedumbre y dulzura, quiere inculcar en nuestros corazones con su ejemplo estas virtudes sublimes, para que surja una era de paz y amor en el mundo desgarrado y molesto. Desde su nacimiento, señala nuestra misión, que es despreciar lo que el mundo ama y busca. ¡Oh! Prostria-moci ante la cuna y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado de amor por el Niño Jesús, ofrezcamos todo nuestro corazón sin reservas, y le prometemos que seguirá las enseñanzas que nos llegan de la cueva de Belén, que nos predican. ser todo aquí abajo vanidad de vanidades nada más que vanidad. (Padre Pio) Desde su nacimiento, señala nuestra misión, que es despreciar lo que el mundo ama y busca. ¡Oh! Prostria-moci ante la cuna y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado de amor por el Niño Jesús, ofrezcamos todo nuestro corazón sin reservas, y le prometemos que seguirá las enseñanzas que nos llegan de la cueva de Belén, que nos predican. ser todo aquí abajo vanidad de vanidades nada más que vanidad. (Padre Pio) Desde su nacimiento, señala nuestra misión, que es despreciar lo que el mundo ama y busca. ¡Oh! Prostria-moci ante la cuna y con el gran San Jerónimo, el santo inflamado de amor por el Niño Jesús, ofrezcamos todo nuestro corazón sin reservas, y le prometemos que seguirá las enseñanzas que nos llegan de la cueva de Belén, que nos predican. ser todo aquí abajo vanidad de vanidades nada más que vanidad. (Padre Pio)

JESÚS, ESTE ES MI CORAZÓN

Apúrate, oh Jesús, aquí está mi corazón. Mi alma es pobre y desnuda de virtud, las pajillas de muchas de mis imperfecciones te picarán y te harán llorar. Pero, mi Signo-re, eso es todo lo que tengo. Tu pobreza me conmueve, me ablanda, me desgarra. Jesús embellece mi alma con tu presencia, adórnala con tus gracias, quema estas pajitas e intercambialas en una cama suave por tu cuerpo más sagrado como recién nacido. Jesús, te estoy esperando. Muchos te rechazan. Un viento glacial sopla afuera ... ven a mi corazón. Soy pobre, pero te calentaré tanto como pueda. Al menos quiero que estés satisfecho con mi gran deseo de recibirte, amarte, sacrificarte por ti.

ADORACIÓN DEL DIOS ENCARNADO

Oh Jesús, con tus santos Reyes Magos te adoramos, con ellos te ofrecemos los tres dones de nuestra fe al reconocerte y adoptarte como nuestro Dios humillado por nuestro amor, como un hombre vestido de carne frágil para sufrir y morir por nosotros. Y en la esperanza de tus méritos, estamos seguros de lograr la gloria eterna. Con nuestra caridad te reconocemos soberano de amor en nuestros corazones, rezando para que, en tu bondad espesa, te dignes que te guste lo que tú mismo nos has dado. Dígnate transformar nuestros corazones como los de los santos sabios y asegúrate de que nuestros corazones, al no poder contener los ardores de tu caridad, te entreguen a las almas de nuestros hermanos para conquistarlos. Tu reino no está muy lejos y nos haces participar en tu triunfo en la tierra, y luego participar en tu reino en el cielo. Hace' que como no podemos contener las comunicaciones de su caridad divina, predicamos su realeza divina con el ejemplo y las obras. Toma posesión de nuestros corazones con el tiempo para poseerlos en la eternidad. Que nunca despeguemos de debajo de tu cetro: ni la vida ni la muerte valen la pena separarnos de ti. La vida es vida extraída de ti en grandes sorbos de amor para difundir en la humanidad y hacernos morir en todo momento para vivir solo en ti, para difundir solo a ti en nuestros corazones. (Padre Pio) encanta difundirnos sobre la humanidad y hacernos morir en todo momento para vivir solo de ti, para difundir solo a ti en nuestros corazones. (Padre Pio) encanta difundirnos sobre la humanidad y hacernos morir en todo momento para vivir solo de ti, para difundir solo a ti en nuestros corazones. (Padre Pio)

GLORIA A USTED O PADRE

Gloria a usted, Padre, que manifiesta su grandeza en un niño pequeño e invita a los humildes y a los pobres a ver y escuchar las cosas maravillosas que hace en el silencio de la noche, lejos del tumulto de los orgullosos y sus trabajos. Gloria a ti, Padre, que para alimentar a los hambrientos con verdadero maná, coloca a tu Hijo, el Unigénito, como heno en un pesebre y dalo como alimento de vida eterna: Sacramento de salvación y paz. Amén.

Nací

desnudo Nací desnudo, dice Dios,

para que sepas cómo desnudarte. Nací pobre,

para que puedas ayudar a los pobres. Nací débil, dice Dios,

para que nunca me tengas miedo. Nací de amor

porque nunca dudas de mi amor Soy una persona, dice Dios,

porque nunca tienes que avergonzarte de ser tú mismo. Nací perseguido

porque sabes aceptar las dificultades. Nací con sencillez

porque dejas de ser complicado. Nací en tu vida, dice Dios, para traer a todos a la casa del Padre. (Lambert Noben) BAJAS

DE LAS ESTRELLAS Bajas

de las estrellas, oh Rey del Cielo, y vienes a una cueva en el frío al frío helado. ¡Oh, mi divino hijo, te veo temblar aquí, oh bendito Dios, y cuánto te costó haberme amado!

Tú, que eres el creador del mundo, te falta ropa y fuego, mi Señor. Querido niño electo, cuánto se enamora de mí esta pobreza, ya que te hizo pobre de nuevo. Ustedes que disfrutan de regocijarse en el útero divino, ¿cómo llegan a sufrir en este heno? Dulce amor de mi corazón, ¿dónde te transportó el amor? Oh Jesús mío, ¿para quién tanto sufrimiento? Por mi bien. Pero si fue tu voluntad sufrir, ¿por qué quieres llorar entonces, por qué vagar? Mi esposa, amado Dios, mi Jesús, te entiendo: ah mi Señor, lloras no por dolor sino por amor. Lloras al verte desagradecido después de tanto amor tan poco amado. Oh amado de mi pecho, si este ya fuera el caso, ahora te anhelo. Querida, no llores más, que te amo, te amo. Duermes, oh mi Ninno, pero mientras tanto el núcleo no duerme, sino que vigila durante toda la hora. Oh mi hermoso y puro Cordero, que piensas dime Oh inmenso amor, morir por ti, responde, creo. Entonces piensas morir por mí, oh Dios, y ¿qué más puedo amar fuera de ti? Oh María, mi esperanza, si amo a tu Jesús, no te indignes, ámalo por mí, si no puedo amar. (Alfonso Maria de Liguori)

RICO QUE ERAS, SEÑOR JESÚS

Señor Jesús, como hombre rico y rico que eras, te hiciste pequeño y pobre. Has elegido nacer fuera de la casa en un establo, estar envuelto en ropa pobre, ser acostado, en un pesebre entre un buey y un burro. Abraza, alma mía, esa cuna divina, presiona tus labios sobre los pies de Jesús. Bésalos a ambos. Medita en las vigilias de los '' pastores, contempla el coro de los Ángeles y canta con ellos con tu boca y corazón: "Gloria a Dios en los cielos más altos y paz en la tierra a los hombres de nueva voluntad". (Bonaventura)

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